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CHUPITOS EN BLANCO Y NEGRO

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

foto autor

Fernando Lama
Periodista Diario de Ibiza

 

Conservo muy pocas fotos de aquella época y eso que solía ir con la Zenit 12 que le había despistado a mi hermana colgando del cuello. Un kilo de acero soviético que amenazaba siempre con doblarme el espinazo.camara zenith 1

La mayor parte, papeles y negativos, se han ido perdiendo entre mudanzas, inundaciones, separaciones… La vida nos va borrando la memoria, incluso la física.

Mi preferida es una en la que estamos buena parte de la peña en la escalera de la facultad de Ciencias de la Información. Formados como si fuéramos un equipo de fútbol y con balón incluido. Supongo que la hicimos después de un partido del Meigas Fora, el equipo con el que jugábamos la liga de estudiantes de Periodismo.

Juego, jugar. Es el verbo que me viene a la cabeza cuando pienso en esos años. Jugábamos con los amigos, los estudios, la música, el cine, el alcohol, las drogas, el sexo. Jugábamos también con el amor.

Casi todas las que conservo son de viajes y excursiones. Saliendo con cajas cargadas de litronas y pasta de un supermercado en Valdepeñas, colándonos en la plaza de toros de las Virtudes, tomando unas cañas en un chiringuito de Nerja, ascendiendo por el cauce del río Tiétar…

En una sale Vicen jugando una pachanga futbolera en Pedro Bernardo. Con su cara de vacilón de barrio. Riendo. Fue el mismo día en el que sorteamos a la muerte por minutos.

Habíamos ido al pueblo de al lado a tomar unas cervezas. En el bar, una pandilla de chicos se empeñaron en pegar a los melenudos. El camarero, que los conocía, les pidió que se largaran y a nosotros nos hizo esperar hasta que escuchamos el motor de su coche arrancar e irse.

chupitos blanco y negro

Solo un rato después uno de ellos nos paró en la carretera de vuelta a Pedro Bernardo. Estaba completamente ensangrentado. Habían atropellado a una vaca y nos pedía ayuda para sacar a sus amigos del coche. Los dos estaban muertos.

Era el último año de carrera y ese accidente nos señaló que el juego terminaba, que las mañanas inocentes del bar de la facultad, remendando el mundo ante unas botellas de Keler y el pincho de tortilla de cartón piedra iban a pasar pronto a la historia.

Conservo muy pocas fotos de aquella época y puede que sea mejor así. La bolsa de papel Ilford en la que las guardo aún despide el aroma acre, inconfundible, de los líquidos de revelado. Dentro hay solo unos cuantos retales con los que componer la red de la memoria. Con los que jugar, construir, reconstruir, deconstruir, inventar. Vestigios de un momento irrepetible. Chupitos de una historia en blanco y negro.

 

 

CON TAL DE VERTE REÍR, por Manjón Guinea.

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