LUNES DE AGUAS

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

FOTO AUTOR

Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

Hay días, ratos, o mejor dicho gentes que sin duda son la verdadera fuente del saber, el agua del que beber siempre que sea limpia y clara, con la que compartir el tiempo y una buena comunicación, sobre todo en modo escucha, relajado, participando pero sin acaparar, siendo parte de lo que te rodea, con el afán de escuchar, aprender, y descubrir cosas nuevas, sin olvidarte de las risas, un básico elemental para sobrevivir, que no debes sacar de la ecuación si quieres lograr el mejor resultado de una tarde de asueto, de empape de vivencias e historias, salir del aburrimiento, del letargo diario, el día de la marmota, y en todo ese baturrillo aprender o reconocer nuevas expresiones, nuevas conjunciones o sintagmas nominales como los lunes de aguas.
Los lunes al sol, sí, ¡pero de aguas! Seguro que los lectores en este momento asienten con su cabeza porque saben mucho más que yo, sobre todo si son salmantinos y conocen el origen de esta fiesta. Uno de los descubrimientos durante las comidas post partido con los amigos del Canillas. Y es que en Salamanca se reúnen para celebrar el lunes siguiente al lunes de Pascua y pasar una divertida jornada campestre. Despertada mi curiosidad, no me quedó más remedio que al llegar a casa indagar sobre este ritual y su leyenda.

En su día, allá por el siglo XVI, Salamanca era una ciudad marcada por tener la universidad más antigua pero también por ser el mayor putiferio de Europa en aquel entonces. Miles de habitantes, la mayoría estudiantes que vivían entre los colegios mayores y bibliotecas, pero también entre las tabernas y bares de lujuria. Felipe II llega allí, con 16 años, con una honorable intención de desposarse con María Manuela de Portugal, con su porte monacal y puritano, se ve sorprendido por la otra cara de la ciudad del saber, la de la diversión sin límites de la capital y obligado ante dicho panorama a dictar un edicto que prohíba comer carne durante la Cuaresma en todos los sentidos, incluidos el carnal.

Este mandato obliga a tener que trasladar a todas las prostitutas fuera de la ciudad, a la Casa de la Mancebía, al otro lado de la orilla del río Tormes, prohibiendo su regreso hasta el final del periodo cuaresmal. Su traslado es temporal y con billete de vuelta, justo el siguiente lunes al Lunes de Pascua. Día que se ha convertido en una gran fiesta para recordar a los dichosos estudiantes que salían a recibirlas, llenos de júbilo y alegría tras un mes a dieta en todos los sentidos.

El Padre Putas creado por IA
El Padre Putas creado por IA

La historia también la protagoniza el sacerdote Padre Lucas, cuyo nombre degeneró en Padre Putas, por ser el encargado de exilio de estas mujeres de mal vivir. Y el Hornazo, empanada rellena de embutido, carne, chorizo, lomo y huevo, con el que se recibía a las muchachas para finalizar la penitencia y probar todos los manjares prohibidos durante tan larga abstinencia. Así daban el portazo final a la prohibición del Rey Felipe II y comenzaba la fiesta popular que por el año 2020 fue declarada de interés turístico en Castilla y León.
Y es que a estas alturas del siglo XXI lo que deberíamos tener claro es que hay costumbres que son milenarias por mucho que nos quieran escandalizar. Son tan antiguas como la propia humanidad. Los ministros puteros y las mujeres que reciben remuneraciones por no ejercer ningún trabajo al menos profesional están en nuestro día a día. Reflejo de la debilidad humana y baja categoría moral, reprochable y condenable sobre todo si te pillan y con agravantes si se financian con dinero público. Pero la cosa es que las bajas pasiones funcionan así desde que el mundo es mundo y desde que el hombre es hombre.

Inteligente ocurrencia la del Padre Putas de poner agua de por medio para evitar la tentación, esa que Billy Wilder ponía a prueba en la divertida comedia La tentación vive arriba dejando solo ante el peligro, a un tranquilo ejecutivo, esposo, padre de familia, haciéndose un verano de «Rodríguez», pero sin contar con una deslumbrante vecina, que consigue desatar todas sus fantasías. El guion mantendrá a este hombre en una constante lucha contra su imaginación desbordada para no caer en la mal vista infidelidad y pasar a mayores. No como en la obra de teatro original, en la que se inspiró la película, donde la tensión entre los protagonistas los llevará a culminar el adulterio.
El título original de la película Seven year itch, la crisis de los siete años hace referencia a una reflexión que deriva en que la felicidad conyugal puede decaer al llegar a dicho periodo y por lo tanto correr mayor riesgo de infidelidad y divorcio. ¿Mito? ¿realidad? ¿dato estadístico? Yo diría más bien que por sentido común puede ser perfectamente el tiempo suficiente para conocer la rutina, el aburrimiento y la sensación de estar atrapado en otra vida.

Marilyn y DiMaggio creado por IA
Marilyn y DiMaggio creado por IA

Nada que no se pueda superar y una vez alcanzado ese pico, si lo superas claro, todo es para mejorar y estabilizar los cimientos de lo que sin darte cuenta has ido construyendo. Para Richard, el protagonista, esta tentación le sirve de lección para apreciar la normalidad y recuperar la tranquilidad volviendo intacto a su matrimonio. Algo casi universal como la filmografía de este gran director, con historias de enredos, personajes simples y mete patas, en definitiva, gente corriente y pecadora que se enfrena a situaciones dramáticas que resultan cómicas por absurdas y por humanas, como la pura tentación.

Para Marilyn, hablo del personaje real, su matrimonio no llegó a la cima del pico, ni tan siquiera se acercó. Su tradicional marido en ese momento, DiMaggio, no pudo soportar la escena del aire levantando el vestido de la actriz o más bien las miradas lascivas de una multitud desconocida rodeándola y soltando improperios obscenos que terminó en divorcio con solo nueve meses de matrimonio, aunque el amor debió permanecer vivo ya que después de muerta se encargó de mandarle rosas a la tumba durante veinte años. ¿Bonita forma de decir que se equivocó? ¿Qué la había echado de menos todo ese tiempo? ¿Qué siempre estuvo enamorado de ella? Si no hubiese sido por sus tradicionales ideologías, conservadoras inclinaciones y consiguientes celos, en definitiva, ser un carca, quien sabe si hubiesen llegado a celebrar al menos el ascenso a los siete años.

Pero así es la imperfección humana, marcada por las tentaciones, por las inseguridades, por el anhelo de lo que no tenemos o hemos perdido y en definitiva la sensación de que siempre nos falta algo. Y como la perfección es enemiga de la creatividad, como diría Vargas Llosa, «si la vida fuera perfecta, si no nos faltara nada, no habría literatura» y me permito añadir ni historias que inventar, ni cine, ni arte en general.

¡Que la imperfección llegue cuanto antes a sus vidas!

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