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Se vende virginidad

Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

De la ecuación del trabajo y los estudios a la venta de la intimidad en internet

Por Manjón Guinea

Los tiempos cambian que es una barbaridad. Antiguamente el que quería labrarse un gran futuro le daba por estudiar. Y si no tenía dinero para hacerlo, tenía con conformarse con estudiar y trabajar a la vez. Algunos gracias a su esfuerzo salían adelante y otros terminaban abandonando sus estudios, pero no por ello perdían la oportunidad de labrarse un buen futuro gracias al trabajo.

Hoy en día la ecuación trabajo y estudios ha desaparecido, sobre todo por culpa de los nuevos tiempos, de las nuevas tecnologías y de internet. Quizá la nueva ecuación, sobre todo en lo que respecta al Reino Unido, sea estudiar y abrirse de piernas o trabajito rápido.
Y digo esto porque uno de los casos que ya hace sus años llegó a la prensa en la Pérfida Albión, es del de Rosie Reid, una estudiante londinense que decidió vender su virginidad en una página de subastas de internet para pagar sus estudios. Qué ha sido de ella hoy día, después de tantos años… No puedo saberlo pues internet es un auténtico océano donde navegan nombres iguales para distintas personas.

Rosie nació en el sudeste de Londres, y estudiaba política social en la Universidad de Bristol y como muchos estudiantes, estaba preocupada por la política del gobierno de aumentar el costo de las cuotas universitarias.

Ella comenzó a estudiar y nada más comenzar ya tienia una deuda acumulada -entre matrícula, renta, comida, transporte y materiales de estudio- de unos 5.400 dólares.

¿Que cómo solucionar el problema? Internet es la salvación. Un pequeño anuncio en una página de subastas y a esperar. «Estudiante universitaria de dieciocho años quiere vender su virginidad. No la ha perdido porque es lesbiana. Responderá si la oferta es buena. Fotografía disponible».

El éxito asegurado. Y es que ¡ay! de aquel que no crea en el potencial de negocio de internet. En los primeros tres días, la propuesta de Rosie recibió más de cuatrocientas ofertas, entre ellas una por 18.000 dólares.

La estudiante afirma que, por lo general, «uno no se queda con la primera persona con la que duerme, y además porque si no consigue el dinero pronto se verá en dificultades financieras». Pues ya saben, rapidito que se acaba la oferta.

Pero la historia de Rosie no es única, como lo muestra el hecho de que la diseñadora estadounidense Cathy Cobblerson también subastó su virginidad para pagar sus deudas.

Quizá el futuro de internet esté no en la venta de libros o de discos sino en la venta de virginidades al uso. Después vendrá el negocio con otro portal dedicado a la reconstrucción del himen y a hacer funcionar de nuevo la rueda del capitalismo.

Una gran manera de no parar de follar, con perdón… o con gusto, como se desee, y de mantenerse virgen eternamente.

Al fin y al cabo que son las redes sociales sino estar permanentemente en el escaparate, mostrando hasta el papel higiénico con el que uno se limpia el culo. Y cuanto más difícil sea dejar impoluto de rastros escatológicos los glúteos, más likes tendrá y por tanto más famoso será uno.

De todas formas, me hubiera encantado saber, después de tantos años, cómo terminarían profesionalmente tanto Rosie como Cathy… por simple curiosidad.

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