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Zelensky y las formas y maneras de mentir

Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

Por Manjón Guinea

Zelensky y las formas y maneras de mentir. Una de las tantas novelas de Ken Follet, “Vuelo final”, transcurre en la Dinamarca ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial. Un joven estudiante danés llamado Herald Olufsen descubre un inimaginable secreto que puede cambiar el curso de la guerra. A partir de ese momento se desarrolla toda una trama de lo más interesante, sobre todo para los seguidores de este tipo de escritura.

Lo cierto es que el escritor nacido en Cardiff en 1949, Reino Unido, no pudo vivir aquel conflicto que ahora nos relata en su último libro, pero Follet es uno de los pocos que ha convertido la imaginación y la mentira en una excelente forma de ganarse la vida.
Follet fue en sus inicios un humilde reportero de sucesos en un diminuto diario de provincias, hasta que comenzó a escribir novelas y a volcar en el papel toda la imaginación que brotaba en su mente, gracias, sobre todo a la influencia que en su infancia ejerció sobre él Ian Fleming, compatriota y escritor, creador del personaje del celuloide James Bond.

Está claro que la tarea del que cuenta es salvar e inventar la memoria, modificar lo que ha visto y generar en su cerebro una serie de parámetros que irán derivando en una trama, con más o menos suspense, con más o menos dosis de ficción, pero cuyo único fin es intentar explicar la realidad. En muchas ocasiones más sorprendente que las propias apariencias.

Faulkner creó un universo impregnado de mentiras, de invenciones, de falsedades, de hipocresías, para sacar a la luz las miserias de los seres humanos. Cervantes nos demostró a través de los ojos de Don Quijote como podía perderse la perspectiva del mundo, dependiendo del enfoque que le diéramos, de una ilusión llamada por otros locura. Y Conan Doyle nos hizo creer que su famosísimo protagonista Sherlock Holmes vivió en el 221 B de Baker Street, hasta que movidos por la curiosidad viajamos a Londres. Y allí descubrimos que la numeración de la Calle Baker Street pasaba del 217 al 225. El 221 de esa calle no existe. Un vacío en la numeración está ocupado por la imaginación de Conan Doyle. Un paréntesis que significa la más elaborada de las mentiras.

Sin embargo, hay otras formas de mentir y de engañar. Esas son las que corresponden a los políticos y a los hombres voraces de empresa. A aquellos a quienes no les importa que el cuerpo de un periodista quede inerte en el suelo. Aquellos a los que la única intención que les mueve es generar más dinero, aún a costa de miles de muertos, de civiles y de gentes inocentes cuya pretensión en la vida es poder seguir viviendo.

Recuerdo como hace unos años esos señores de la guerra nos contaban que desde el Hotel Palestina se emitieron disparos de francotiradores iraquíes y que por eso un tanque americano abrió fuego sobre el recinto, llevándose consigo la vida del fotógrafo José Couso.

La imagen de un rostro demacrado por la ambición de un loco: Zelensky

Zelensky
Zelensky

Ahora, veo en todos los telediarios a un pobre hombre al que intentaron desacreditar por ser un cómico y atreverse a llegar al poder, con el rostro hundido en el dolor, que pide ayuda desesperada a Europa y a EE.UU. Veo a ese pobre hombre, Zelensky, del cual todo el mundo olvida que es licenciado en Derecho, solicitando la ayuda de la OTAN, de las Naciones Unidas, de la ONU, para que se tenga en cuenta que Ucrania es un país soberano y que por culpa de un loco, que dirige operaciones de matanza desde su sillón de oro en Rusia, soporta como sus ciudadanos son masacrados bajos las bombas. Observo su rostro demacrado y su cabeza a la que han puesto precio por parte de un enajenado de poder, más cercano a la Rusia zarista que a la Rusia del pueblo. Y observo tristemente, como todo el mundo le ha dado la espalda.

Todos los grandes de nuestro globo terráqueo aplauden su resistencia heroica, pero se sigue comprando gas y petróleo a Rusia, se frotan las manos vendiendo armas a una Ucrania para que resista, y quien sabe si ya se tiene pactado el reparto de dicho país “soberano”. Unos, los rusos, para quedarse con parte del pastel. Por supuesto Crimea, el Donbass y toda la salida al mar, como corredor que una Crimea con Rusia. Otros para ayudar a la reconstrucción de un país desbastado, una vez que todo termine, como contraprestación a su ayuda militar para resistir la invasión. Eso sí con las propias empresas europeas y americanas a las que quedará embargado el país “soberano”, de por vida.

Lo único cierto detrás de todo esto es que estamos cansados de que nos mientan y encima sin imaginación.

 

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