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Los poetas mueren antes

Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

La auto publicación y el salvamento de muchos grandes escritores frente a las editoriales al uso

Por Manjón Guinea

Ser poeta puede ser un placer mortal: un estudio que se hizo en su momento en Estados Unidos sugiere que los vates mueren más jóvenes que el resto de los escritores. Al menos en algunas partes del mundo, según BBC Mundo.

Algunos ejemplos célebres: el galés Dylan Thomas murió a los 39 años, luego de caer en estado de coma por un exceso alcohólico. La estadounidense Sylvia Plath se suicidó a los 30 y el inglés John Keats perdió la vida a los 25 víctima de tuberculosis.

Fueron casos como éstos los que llamaron la atención de James Kaufman, autor de «El costo de la inspiración: los poetas mueren jóvenes», publicado en el periódico «Estudios sobre la muerte». Según él, «la imagen del poeta como una figura clásica, condenada a morir tempranamente, puede ser avalada por hechos».

Kaufman, director del Instituto de Investigación del Aprendizaje de la Universidad Estatal de California, en San Bernardino, estudió la edad promedio de muerte de conocidos poetas, novelistas, dramaturgos y escritores de no ficción de América del Norte, China, Turquía y Europa del Este.

Tras recolectar datos de 1.987 escritores, descubrió que los poetas estudiados vivieron un promedio de 62,2 años, los escritores de no ficción 67,9, los novelistas 66, y los dramaturgos 63,4. El investigador le explicó a The New York Times que estas cifras se explican por una serie de factores.

Allan Poe
El escritor Edgar Allan Poe

«Si uno rumia mucho, es más probable que se deprima y los poetas se la pasan rumiando», señaló Kaufman. «Su trabajo es solitario y explora ámbitos subjetivos, emotivos, generalmente asociados con inestabilidad mental», agregó.

Pero no todos están de acuerdo con Kaufman. Consultado por el periódico The Independent, el poeta británico Maxine Kumin, de 79 años, asegura que «la tasa de suicidios de los poetas es mucho menor que la de los dentistas».

«Existe una especie de fascinación lúgubre, incluso erótica, por la muerte temprana de los poetas: supongo que yo no calzo en este molde», añadió Kumin. Tal vez en América Latina y el resto del mundo, muchos vates también rebatirían la teoría de Kaufman si les fuese dado levantarse de la tumba. Si bien es cierto que el nicaragüense Rubén Darío sólo vivió 49 años, el chileno Pablo Neruda murió a los 69.

Su compatriota Nicanor Parra vivió 104 años y el uruguayo Mario Benedetti, que llegó a los 89 años, son ejemplos de que los poetas también pueden ser longevos.

En lo que a mí respecta, pienso que la perdurabilidad vital se debe más bien a la miseria y los problemas que le tocan a uno vivir, frente a la ventura y la opulencia. No creo que tenga que ver con la erosión psicológica que causa en el escritor el colocarse en el papel y en la vida de los demás. Pienso que es algo más trivial, más escatológico: el que tener que llevarse a la boca y el que te acucien las deudas o no.

De todas formas, lo que ha atraído mucho al mercado editorial, es haber silenciado a grandes autores en vida, para después de muertos publicar sus obras y darle todo el bombo que fuera necesario. Me refiero a escritores como Steig Larsson, Bukowski, Roberto Bolaño, John Kennedy Toole, e incluso hasta el propio Pablo Neruda, quien tras su muerte se publicaron más de 20 de sus libros escritos junto al rumor del mar, a esas “cabelleras de blanco espuma” que como dijo Borges “implacables se levantan e impactan el aliento titánico de la bestia”.

¿Será Internet y la auto publicación la tabla de salvamento de muchos grandes escritores?

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