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Memorias de un náufrago

Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

La pomposidad y la zafiedad de la incultura frente a sublime soledad de Baudelaire

Ojalá me equivoque, pero en estos lares de Dios y sin Dios, lo único que importa es el dirigismo engañoso de la incultura y la ignorancia. Bien es cierto que amparado en los índices de audiencia.

Carmen Caffarel, ex directora de Radio Televisión Española, años atrás pasó de formar periodistas desde su cátedra de Comunicación Audiovisual a tener que lidiar con ellos a diario desde el otro lado de la barrera como máxima responsable de la radio y televisión públicas. Y la mujer, pues oye, se sintió un poco sorprendida. «En especial sobre lo que una entiende que es la formación, donde se incide mucho, yo al menos, en el contraste de fuentes y los códigos éticos y deontológicos.”

“Me he encontrado, no por línea general, sino en algún caso concreto, que se afirman cosas que he dicho, que no he dicho; que se dicen que he hecho cosas, que no he hecho. Pero incluso, no ya solamente lo que una dice o no dice, sino lo que una piensa: son ustedes capaces de descubrirlo». – comentó en su momento la nueva directora de RTVE hace ya muchos años. Y es que para bien o para mal, la vida real dista mucho de los que sucede o de lo que uno imparte en el interior de los claustros o de las universidades.

Cervantes
Cervantes. Un desconocido ilustre

Todos quisiéramos aspirar a un mundo perfecto y la calidad de la enseñanza reside en tener unos patrones éticos y fuertemente culturales a los que seguir. Pero hete tu aquí que llega uno al mundo de la realidad, donde lo que se impone son las audiencias y lo que manda es el dinero. Yo entiendo la intención sana y la ilusión de la señora Cafarell, pero me da a mí que estos días que vivimos, lejos de su queja entonces, donde lo que importa es la exaltación de la ignorancia, no van a ser muy propicios para su doctrina. Aquella que se atrevió a recitar muchos años atrás.

Ojalá me equivoque, pero en estos lares de Dios y sin Dios lo único que importa es el dirigismo engañoso de la incultura y la ignorancia. Bien es cierto que amparado en los índices de audiencia. Es mucho más fácil llegar a la gente con el folclore, con la pomposidad, con la zafiedad de programas de exposición del cuerpo y la tontería o ristras de «morcillas» de testimonios, que con un programa sereno concienzudo y bien hecho.

También, como padeció en sus carnes la señora Cafarell es más fácil llegar a la noticia basándose en el rumor que tener que hacer el esfuerzo anterior de contrastarla. Basta con ampararse en los adverbios «supuestamente» o «posiblemente» para ganar dos o tres puntos de audiencia. Pues es aquí donde reside el problema. La falta de ética del periodismo nos ha llevado a consentir la necedad de los programas que dominan las ondas mediáticas de hoy. Cierto es, como dicen los economistas, que todo en la vida son ciclos, y puede que esta amalgama de programas pirotécnicos esté tocando fondo y llegando al fin de sus días.

Puede que empecemos a recordar de nuevo aquella frase de Baudelaire donde se decía «hay que ser sublime sin interrupción», y puede que los «chismosos sin descanso» empiecen a perder su popularidad y a quedar para retazos efímeros de los que fueron. Yo sigo siendo un utópico y aún creo en la imaginación brillante, en la metáfora sorprendente y en la vanguardia cultural. Ahora más que nunca, con el recuerdo de sus palabras, señora Cafarell, acaba de hacer brotar mis bríos. Espero que no terminen marchitándose para siempre. Puede que esto sea el inicio de “Las memorias de un náufrago” en esta sociedad a la deriva. De la misma manera que en vida nadie tomó en serio la locura de Don Quijote, ni la necesidad de Cervantes por escribir, por dejar una pequeña huella en la historia de la literatura.

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