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Y ASÍ LA VIDA FLUYE

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

FOTO AUTOR

Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

Como el transcurso natural del agua por su cauce puede verse transformado y desbordado por aguas impetuosas que arrasan con todo lo que se ponga por delante, la vida transcurre y fluye con sus subidas, bajadas, riadas, aluviones y hasta sequías, trayéndonos acontecimientos que dejarán en su transcurso el sedimento de nuestra historia, con leyendas, crónicas y versiones de muchas remontadas, que cada uno de nosotros inmortalizará en sus recuerdos.
Como ese veintiséis de agosto 1983. El cielo descargó seiscientos litros por metro en sólo veinticuatro horas. La tormenta perfecta para un gran desastre natural, arrasando Bilbao y otras localidades vascas. El desbordamiento del Nervión dejaba anegada la ciudad, sepultada por el lodo. La puntilla que le faltaba a un Bilbao decadente y asfixiado por el paro como consecuencia de la crisis industrial. Pero poco a poco, casi durante una década, como el agua que vuelve a su cauce, la ciudad gris, contaminada e industrial que había tocado fondo, vio la manera de revitalizarse hasta el renacer de un nuevo Bilbao.

Fotografía Nervión. José Francisco Fernández Saura
Fotografía Nervión. José Francisco Fernández Saura

El punto de inflexión que la ciudad necesitó al igual que nosotros, para reaccionar e iniciar una transformación que le daría ese impulso necesario para evolucionar y convertirse en un referente cultural y arquitectónico, siendo hoy en día una extensión de la ciudad de Nueva York a través del Museo Guggenheim, ese barco varado en el antiguo muelle del río Nervión, cuyas escamas de pez brillan y se reflejan en sus aguas.
Así, fruto de situaciones inesperadas, ocurren muchas otras historias, como la de Simón Gurtubay, modesto aldeano de Igorre, que emigró a Bilbao, y buscando prosperidad, vio su destino cambiar por un simple error tipográfico. El plebeyo vizcaíno encargaría a su proveedor 100 ó 120 bacaladas para el primer barco que llegase a puerto, pero la o se volvió un cero al no acentuarse y recibió 1.000.120 piezas.
A lo que a priori pareciera un gran infortunio para este hombre, dice la leyenda que estando a punto de suicidarse el azar hizo que se convirtiera en su gran golpe de suerte, dando salida a todo el bacalao, ante la necesidad y el hambre de una ciudad que empezaba a ser asediada por la guerra carlista del 1835, popularizándose su consumo ante la falta de alimentos.
Y así es como muy a menudo, a pesar del desastre, de la paralización por el miedo, la vida sin embargo fluye, no para, y las aguas encuentran sus cauces en momentos desesperados y de la manera más insospechada.

Marijaia
Marijaia

Y siguiendo con grandes personajes de la casta bilbaína, Miguel de Unamuno, escritor y filósofo, de una extensa obra literaria y de gran variedad en géneros. Se le ha achacado e injustamente deslucido por supuestas contradicciones ideológicas, que no fueron otras que la libertad de pensamiento y de expresión y no dar la razón ni a unos ni a otros, si no la tienen.
Pero así es la política y su facilidad de manipular y tergiversar en interés propio, a los que abanderan el sentido común como ideología sin necesidad de posicionarse. «En el torbellino: Unamuno en la guerra civil», escrito por dos especialistas en la vida y obra del autor, Colette y Jean – Claude Rabaté, se reconstruyen, a través de documentos, declaraciones y escritos públicos con sello unamuniano, los convulsos meses en los que Miguel de Unamuno vivió exiliado en el interior de su casa, castigado y vigilado por los dos bandos.
Y si algo deja sedimento a lo largo de la historia, es la etimología popular. Nada como la transmisión oral de las expresiones que evolucionan y se convierten en algo que no tiene nada que ver con su origen. Es el caso del alirón y su gran historia. Esta interjección que usamos para celebrar la victoria de una competición deportiva, antes de ser palabra reconocida por la RAE, Real Academia Española, debe su origen a los trabajadores ingleses que llegaron a Vizcaya en el último cuarto del S. XIX para trabajar en las minas de hierro.
Cuando localizaban el citado material gritaban al unísono «All Iron», lo que los trabajadores españoles adaptaron diciendo «alirón» por desconocimiento de la pronunciación inglesa. De esta manera ingeniosa y con el paso del tiempo, se transformó en esa expresión de alegría para celebrar cualquier evento deportivo que conocemos hoy día.
Y si algo nos encamina al devenir de las aguas calmas y aleja las bravas, es la actitud positiva. Como Marijaia, icono de las fiestas grandes de Bilbao. Mujer ataviada con atuendo vasco y pañuelo en la cabeza, que, con su sonrojada cara, se abre al optimismo con sus brazos alzados al disfrute y la alegría. Debería ser fuente de inspiración para todos, no solo en la Semana Grande, sino cualquier día, sobre todo en aquellos en los que predomina la sequía.
Y si como dijo Jorge Manrique «nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar», no dejemos que nos aprisionen sus márgenes y naveguemos siempre con las mejores de las compañías.

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