manjon-guinea-logo

SOBERBIA

Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

FOTO AUTOR Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

De los siete pecados capitales, ¿Cuál es tu pecado original? La soberbia.

Toda la vida pensando que el término “capital” hacía mención al tamaño y gravedad del pecado.  Pero resulta que se refiere a aquello tan excesivamente deseable que incluso puede atraer a muchos más pecados.

La soberbia, el primero de ellos, considerado el peor, el más difícil, el más complicado, porque casi siempre viste bajo una capa de falsa humildad. Lo más parecido al orgullo, a un sentimiento de superioridad, que en la mayoría de las ocasiones nos impide ver nuestros errores, o peor, los vemos como aciertos porque no hay más ciego que el que no quiere ver.

Es un pecado travestido en deseo. El deseo de ser admirado, vanagloriado, aires de superioridad que no nos permite ver los logros ajenos, solo los propios.

Fotografía de Aa Dil
Fotografía de Aa Dil

El soberbio puede ser por pura vanagloria, hinchazón, pomposidad… Ya decía San Agustín “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”. O ser puro caparazón, nuestro escudo. Nos protege de la decepción, del dolor. Es mejor mantenernos fríos y altivos, a pesar de que te importe, y no ceder o pedir disculpas, a sabiendas de que no estuviste acertado. Dar tu brazo a torcer no, eso sí que no. ¡Menuda soy yo!

La soberbia puede ir disfrazada de falsa humildad. ¡Qué mejor ensalzamiento de un mismo que hacerse el humilde! Humillarse puede ser una exquisita y refinada soberbia. Muchas veces nos hacemos los humildes simplemente para ser valorados y tenernos por mejor persona. Pero el verdadero humilde es silencioso, tan silencioso como que no solo no habla de sí mismo, sino que tampoco de los demás, porque simplemente no cree que haya nada que decir, ni que realzar, ni que valorar, ni nada que destacar sobre uno mismo.

La soberbia se pavonea por muchos ambientes. En algunos hace mezcla explosiva con el poder, convirtiéndose en una bomba letal. No hay más que seguir la actualidad política. Esa demostración de superioridad de unos sobre otros y viceversa. Esas locuciones de ida y vuelta, cargadas de desprecio al de enfrente. Esos espejos deformados que hablan de los errores ajenos y olvidan los propios. Que mayor soberbia que no encontrar un punto de encuentro para el bien común, que querer vencer al enemigo a cualquier precio y sobre todo a costa de perjudicar a la sociedad, al ciudadano que observa el partido de tenis, donde ya no importa quien dice la verdad sino quién ganará y demostrará su superioridad.

Como nos sorprendería si en algún momento algún político alabase o agradeciese la labor de otro, más si es del bando opuesto. Nos quedaríamos ¡pasmados! Ver de repente a un diputado hablar con admiración del contrario, alabando y reconociendo sus logros, ofreciendo su ayuda y animándole a seguir mejorando en pro de la ciudadanía. ¡Sería brutal! Mas de uno buscaríamos la cámara oculta o la fecha del calendario del 28 de diciembre.

Y es que la soberbia tiene la extraordinaria cualidad de que no la vemos en nosotros mismos y en caso de sospecha, no reunimos la valentía suficiente para vencerla y transformarla en una virtud. Sobre todo, si te juegas un salario de por vida.

Hay también sociedades y culturas en países donde incluso se celebran mundiales de futbol, donde la soberbia es un acto de humillación legalizado. Creerse superior a un congénere y ser su carcelero, custodio de sus libertades, de sus deseos, de sus necesidades y administrador de las decisiones de personas adultas cuyo único pecado es ser mujer u otros géneros diferentes al hombre. Que acto de grandeza sería despertase un día y ver que se ha puesto fin a la injusticia de tan magna soberbia y manifestación de superioridad. No hay nada más liberador que dejar ser y mayor cura que vivir y dejar vivir.

Mujer ante el espejo. Fotografía de Lokman Sevim
Mujer ante el espejo. Fotografía de Lokman Sevim

Los pecados siempre son y serán un asunto de interés general en todas las artes y manifestaciones. Desde los tiempos del Papa San Gregorio (540-604) que los oficializó, hasta nuestros días. Quizás por el morbo que envuelven las pasiones humanas y pecaminosas y el reconocimiento de las debilidades humanas y hasta donde llegan sus límites.

Libros como Los siete pecados capitales, de Fernando Savater, reflexión filosófica e irónica sobre la vigencia de los pecados en nuestros días, El español y los siete pecados capitales de Fernando Diaz-Plaja, cargado de humor sobre el comportamiento de los españoles en cada uno de los pecados y que sirvió de base para una serie de los ochenta, que se puede recuperar por plataformas RTVE.

El tríptico del Prado, El Jardín de las Delicias del Bosco (1480-1490) nos abre a un mundo representado en el pecado a través de tres escenas llenas de iconografías que evocan el destino de la humanidad a través de los placeres terrenales y pecaminosos.

¿Cuál de los 7 pecados capitales es tu favorito? ¿Qué haces para vencerlo? En cuanto a la soberbia, la Biblia dejó claro que: “Al orgullo le sigue la destrucción; a la altanería, el fracaso”

Don Quijote de la Mancha también nos recuerda que: entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo que suele decirse, que de desagradecidos está lleno el infierno. (Miguel De Cervantes Saavedra).

lo último del blog...

El pequeño perezoso de Jean Baptiste Greuze
LA PEREZA

Por María Marcos Licenciada en Derecho y Librepensadora Podría haber

Mis libros...

Suscríbete

Para ello solo debes dejar tu nombre y tu correo, prometo no enviar correos molestos, solo os informaré de mis nuevos videos, libros, entrevistas, etc.