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ENVIDIA

Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

FOTO AUTOR

Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

 

El segundo pecado capital del Listado del Papa San Gregorio Magno: LA ENVIDIA.

Para Santo Tomás de Aquino, la “tristeza del bien de otro”. Capital, no por su magnitud y gravedad, que para mí sí, sino porque es el origen y causa del que derivan otros muchos como el odio, los celos, el rencor, la rabia…

Todos podemos sentir la ENVIDIA en alguna ocasión, cuando sea así, ¡huyan!

Imagen Cottonbro

Para mi gusto es el peor de los pecados, el más dañino, sobre todo con uno mismo. No aporta nada positivo. Acaba con tu capacidad de gozar de lo que tienes porque siempre andas deseando lo ajeno, aun siendo peor. Y es que no se puede ser feliz y envidioso al mismo tiempo. Es incompatible.

Incluso cuando se habla de la envidia sana, ni esta es buena. Es una manera de enmascarar la mala. Quizás una mínima dosis, pueda tener algo de positivo, como una especie de inyección motivadora para mejorar y lograr ser aquello que nos provoca envidia… Aunque para eso mejor practiquen la admiración, un sustantivo mucho más atractivo y motivador que la envidia, que no deja de ser pura, dura y cochina, por mucho que queramos disfrazarla.

Es un pecado que hay que intentar mantenerlo alejado. De los menos o nada divertidos, toda amargura para el que lo practica. Pero hay que andar con cuidado, porque es de los más poderosos, capaz de meterse tan dentro que te consuma y obsesione con la idea de vivir otras vidas que no son la tuya.

Te ciega e impide ver lo bueno que tienes, que algo habrá, ¿no?  Pues parece que no, que muchas veces preferimos la vida de otro, que puede ser un cualquiera y, sobre todo, ni siquiera mejore nada respecto a la nuestra.

Quien no tiene alguien cercano, al que incluso ocultamos las buenas noticias por miedo a generar envida y miedo a que nos coja manía e incluso nos ocasione algún perjuicio o torpedee nuestros proyectos.

Estas personas suelen ser cercanas y contemporáneas. No se siente envidia por alguien que vive lejos o es de otra época. Suelen competir y compartir de manera paralela las vidas del envidiado y su sola presencia, les ocasiona un estado de insatisfacción y amargura.

Ya el Antiguo testamento relata el enloquecimiento de Caín por los celos y envidia a su hermano hasta el punto de matarle.

También Miguel de Unamuno narra en 1917 la conmovedora historia de Abel Sánchez, nombre elegido no por casualidad, sino por el paralelismo con la historia de Caín y Abel, como ejemplo del mal de envidia, que identificó con la lepra de la vida social española.

Marina Porras, en la serie Pecados capitales, ofrece una visión del pecado que nos ocupa, a través de grandes voces de la literatura y filosofía.

Imagen envidia Just a Couple
Imagen envidia Just a Couple

Y un imprescindible, para tenerlo claro desde pequeños, los cuentos de la escritora e ilustradora Violeta Monreal que, en cada ejemplar de su colección dedicado a sentimientos y valores, en este caso, Enma y la envidia nos muestra como la protagonista descubrirá “la fórmula mágica” que le ayude a superarla.

Todo esto nos lleva a la conclusión de que este pecado, además de capital, es el más aburrido y miserable, y nos conduce a una infelicidad absoluta, propia de almas pobres, de las que se dejan seducir por los engaños de las nuevas tecnologías y un mundo on line perfecto, escaparate del postureo de vidas irreales.

No se dejen arrastrar y aprecien el sabor agridulce de un cocktail bien combinado con lo bueno y malo de sus vidas, que para eso son suyas, construidas con sus medios, su esfuerzo y sus circunstancias. Y practiquen el deporte de la autoaceptación y la autocomplacencia, que le hará sentir bien, aunque no necesariamente perder peso.

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