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LA TILDE DIACRÍTICA

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

FOTO AUTOR 1

Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

 

Qué desilusionante resultó el pleno de la RAE. No tanto por el acuerdo alcanzado, como por la falta de escándalo, disputa y tormenta vaticinada sobre la que estábamos expectantes, como si de un pleno del Congreso se tratara.

Biblioteca RAE
Biblioteca RAE

Pero contra todo pronóstico, hubo consenso e incluso armonía. El propio Muñoz Machado declaró haber salido sano y salvo. Tal vez pensó que en otro foro por mucho menos hubiese salido mal parado. De haber sido en el Congreso, lo inimaginable hubiese sido alcanzar un consenso y mucho menos, que no hubiese insultos y reproches como si de un teatro de corral de patio de manzana se tratara.

Puede que, en el foro del Parlamento, el bagaje, es decir, el conjunto de conocimientos y experiencias adquiridas en alguna actividad particular o en la vida general, según la propia RAE, incluido el cultural, no dé para entender que las ideas se debaten y se intenta llegar a un equilibrio que aporte paz y seguridad a la sociedad, y no montar un circo de frikis y personajes sobre actuados en busca del voto.

Volviendo al asunto de la tilde, le encuentro cierta relación con la vida misma. Tal vez haya un trasfondo en la cuestión de decidir si se tilda o no se tilda. Como en el anuncio de la cerveza Cruzcampo con una Lola Flores post morten que nos recuerda por qué se la conoce en todo el mundo, por la importancia del acento, esa fuerza con la que pronunciamos las palabras y que marca nuestras raíces, nuestra autenticidad y nos atribuye una marca personal y exclusiva.

Colección de la RAE. Foto de archivo
Colección de la RAE. Foto de archivo

La lengua española es así, rica en todo, incluidos los acentos y sus tildes, que enriquecen, dan énfasis y otorgan nivel a quien hace buen uso de ellas, distinguiéndolos de los que no saben aplicarlos. Y nuevamente como la vida misma, están los que viven cual sílaba átona, sin dejar señal ni huella y los que hacen de su día a día una silaba tónica, viviendo con intensidad y fuerza. Tal vez el debate para académicos y no académicos estaba más en una cuestión personal y pasional, porque al fin y al cabo renunciar a tildar, aunque sea a un simple adverbio, es renunciar a la libertad de ser diferente y distinguido. Por lo que el que quiera dar énfasis, a su vida o a su escritura y no quiera pasar por alto la ambigüedad de una frase, y por lo tanto a la imprecisión, a partir de ahora podrá hacerlo, bajo su criterio y sin tacharle de cometer un error ortográfico.

Que, por otro lado, está muy feo lo de reprender por faltas ortográficas. El que no se equivoque que tire la primera piedra. Y es que ya lo decía Gabriel García Márquez en el 1997 en su discurso en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española en México: “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver”.  En su defensa García Márquez aclaró posteriormente que lo único que quiso decir es que la gramática debería simplificarse. Añadiendo que al fin y al cabo su ortografía la corrige un corrector y si fuese hombre de mala fe diría que esta es una demostración de que la gramática no sirve para nada.  Y en cuanto a los acentos, declaró que “como están hoy, no tienen ninguna lógica y lo único que están logrando es que los estudiantes odien el idioma”.

La ortografía pareciese un dolor de cabeza para muchos innecesario. No solo grandes autores como García Márquez lo ven como un terror del ser humano desde la cuna. También señaló Benedetti, ¿hasta dónde son necesarias estas tediosas reglas ortográficas? O Juan Ramón Jiménez cuestionó la utilidad de la ortografía hasta el punto de poner en práctica la oralidad de la escritura, es decir eliminar las ges entre otras, cuando el sonido representa una jota, explicando como motivos a su rebeldía: “Primero, por amor a la sencillez, a la simplificación en este caso, por odio a lo inútil. Luego, porque creo que se debe escribir como se habla, y no hablar, en ningún caso, como se escribe. Después, por antipatía a lo pedante”. 

Reglas RAE
Reglas RAE

Y no nos olvidemos, que la ortografía es el envoltorio y la imagen de un contenido, y este puede ser muy bueno, pero si el envoltorio tiene una tacha, puede desmotivar y quitar las ganas de seguir leyendo. Errores que todos cometemos, incluidos los medios de comunicación, que precisan de personal corrector ortográfico para evitarlo. Pero la realidad es que las faltas pueden ser incluso decisivas a la hora de ligar. Está medido que los que escriben correctamente tienen el doble de oportunidades que los que no. Por lo que en la foto puedes salir muy guapo que como no sepas escribir una frase sin enmiendas los pretendientes pueden salir huyendo.

Y nadie piensa que todas estas directrices lingüísticas, mientras se debaten, pueden tener tensionados a todos aquellos escritores que tienen su manuscrito en la editorial, a la espera de fumata blanca por parte de los académicos, para editarlos, sin saber si deben o no tildar y si deben o no volver a revisar su obra, tarea ardua y tediosa.

O aquellos que publicaron antes de la decisión de la RAE y no pueden evitar sentir cierto pudor de no haber tildado los solos y pronombres demostrativos ambiguos, dejándonos para siempre la duda de si el autor no quiso hacerlo o si es que no era opcional en ese momento. En cualquier caso, no tildar está permitido, antes y ahora, por lo que no será ya un quebranto de la norma.

Y con tanto lío, como diría Pérez Reverte “En cuanto a mí, sólo sé que no sé nada. Y cuando quiero saber busco en los libros, a los que nunca falla la memoria.”

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