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LA PRIMAVERA

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

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Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

En general no me gustan los extremos. Ni el frío, ni el calor. En el medio alcanzamos el equilibrio, ese tan necesario para sentirnos sosegados sobre todo cuando miramos a un lado y vemos que no se puede tener todo y miramos al otro y vemos lo malo que es no tener nada. En el equilibrio está la virtud, como diría Aristóteles defensor del término medio. Pues así se muestra la primavera, un lugar armónico por donde transitar cuando sales del oscuro invierno y te encaminas al caluroso verano.

Una estación de centro, si políticamente tuviésemos que calificarlo. Sin extremos, sin dramas, sin radicalizaciones. Temperaturas medias, luz natural, buenas vibraciones que mejoran el ánimo liberando hormonas de la felicidad que nos empujan a salir a la calle, a quedar, y a llenarnos de energía y positividad.

Almendro en flor. Fotografía de Satoshi Hirayama
Almendro en flor. Fotografía de Satoshi Hirayama

El 20 de marzo ha llegado para darle la bienvenida y concedernos 92 días para su disfrute. Mientras no se decida otra cosa, cambiaremos la hora para que los días sean más largos y tengamos más tiempo de luz y planes sociales.

A pesar de que la SES (Sociedad Española del Sueño) recomienda no realizar cambios horarios durante el año y que se mantenga permanente, el próximo domingo como es tradición habrá que mover la manilla, bueno, esto ya no es tradición gracias al mundo analógico que funciona automáticamente. En España vivimos esta rutina desde el año 1918, nacido como medida para ahorrar carbón en ese entonces y que seguirá al menos hasta el 2026, con el objetivo de aminorar el consumo eléctrico en hogares e industrias y reducir las emisiones contaminantes.

La primavera tiene tanta magia, y preside tantas emociones humanas que se manifiesta en todas las corrientes artísticas. Las cuatro estaciones de Vivaldi, compositor veneciano del XVIII, homenajea la vida y nos adentra a esta estación como un periodo de Mi mayor, cargado de luz pura y cálida, capturando su magia a través de su melodía. El ballet y obra de Igor Stravisnsky, La consagración de la primavera, te altera el corazón a golpe de ritmos irregulares, misteriosos e inquietante llenándote el alma de intriga hasta tal éxtasis que el corazón se subleva para ansiar la búsqueda de la libertad.

Pero no solo los clásicos han recurrido a ella. Son innumerables los contemporáneos que no han renunciado a este recurso impregnado de exaltación, ilusión, esperanza para alcanzar sus éxitos como un rayo de luz que ilumina lo que está por llegar:

Canción de Primavera de Joaquin Sabina, “buenas noches primavera, bienvenida al mes de abril…. Líbrame del sueño eterno, da cuerda al despertador, ponle cuernos al invierno por favor…”

Promesas de Primavera de La Oreja de Vang Gogh, “ … vestirán las calles, cientos de cerezos en flor. Y a nuestros balcones llegará un suspiro de sol…”

La Primavera llegará de Sergio Dalma, “… La primavera llegará, Los buenos tiempos volverán
Yo te querré, tú me querrás. Todo tendrá sentido. La primavera llegará, cambia de cara la ciudad. gira la rueda del amor y el universo es un recién nacido”.

Cuando me siento bien de Efecto Pasillo, “… Me siento bien, me huele a primavera, Menta, cilantro y tu piel de canela…”

¡Un tanto empalagoso, si! Pero bajo los efectos de la primavera, florecen, nunca mejor dicho, melosos y pegajosos versos que nos hacen tatarear.

En todas las artes está el influjo de su inspiración. O´keeffe también cayó en un ensueño abstracto y figurativo del colorido de las flores, paisajes estimulantes y llenos de color en los meses primaverales.

Un periodo de infinita inspiración para todo el que se precie mínimamente sensible. Es como un renacer del alma, de los instintos, atraídos por la musicalidad de los rayos solares y la envoltura de colores de los árboles llenos de frutos, de nuevos brotes, de flores que se abren como si hubieran despertado de un letargo frío y aletargado del que por fin estiran sus estambres como los brazos al despertar y resurgen de nuevo a la vida.

Primavera en flor. Fotografía de Angélica Reyn
Primavera en flor. Fotografía de Angélica Reyn

Su poderoso don de creación no sólo está en la naturaleza, recorre todos los estadios de las manifestaciones y expresiones artísticas, la música, la pintura, y como no la literatura. Qué mejor momento para disfrutar de un buen libro y también para escribirlo y convertir esta estación en el enclave perfecto de una historia que nos atrape, aunque sea metafóricamente hablando:

Sonata de Primavera de Valle-Inclán, 1904. Primavera negra de Henry Miller, 1936. La primavera de Praga de Miguel Delibes, 1968. Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti 1982. El inicio de la primavera de Penélope Fitzgerald, 2011.

Empiecen a disfrutar del equinoccio de la primavera, que deja atrás el invierno, nos moldea y prepara el ánimo para el solsticio del verano. Como si de una planta se tratara, despierta y florece. Deja que los rayos te den energía y abandona el modo hibernación. Revive ese furor que todos llevamos dentro y contenido, y que mejor momento que este, el de ahora, en el que nunca estaremos en la mejor flor de la vida. Hoy. Mañana podría ser otra flor y quien sabe si otra vida.

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