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PASOLINI. UNA FUERZA DEL PASADO

Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

Soy una fuerza del pasado.
Sólo en la tradición está mi amor.
Vengo de las ruinas, de las iglesias…

Hay circunstancias y momentos irrepetibles de los que uno se arrepiente en silencio por no haber estado presente. El Círculo de Bellas Artes de Madrid ofreció, con motivo de los cien años de Pier Paolo Pasolini, unas jornadas sobre la obra del poeta y cinematógrafo italiano nacido cerca de los Apeninos, en Bolonia.

Pier Paolo Pasolini
Pier Paolo Pasolini

Pasolini es la revolución y la contrarrevolución. Es, como dice la introducción de dichas jornadas, el posicionamiento a contrapelo de su momento histórico. En su obra sale reflejado el campesinado, la iglesia, lo sagrado, lo profano, el sexo, la educación, la rebeldía, la libertad… en definitiva, la modelación en hierro fundido de un hombre libre y auténtico, sin miedo a los escándalos y las tragedias, porque la propia vida está hecha de esa aleación candente.

Fue acusado de pederasta, de fascista, de comunista, de rebelde, de rojo, de ateo, de antiabortista, de todo lo que se le ocurriera al gran ojo que todo lo ve y que todo lo dictamina. Puede que siga insistiéndose en que la muerte de este excepcional cineasta y escritor se debiera a un arranque pasional entre homosexuales, pero tal y como digo en el ensayo De la literatura y las pequeñas cosas, sigo sin creérmelo. Puede que la versión oficial quiera contarnos la idea de un Pasolini homosexual involucrado en asuntos turbios de amor y de celos pasionales. Un elaborado informe donde todo se centra en una figura, la de Pino Pelosi, un joven de diecisiete años, con el que compartió caricias y viaje hacia la localidad de Ostia.

Esos viejos y arrugados informes policiales, tan inconsistentes como instrumentalizados, quisieron contarnos que el asesinato de Pasolini se debió a un arrebato de ira homosexual, cuando el director de cine pretendió tener relaciones sexuales con el menor. Un joven, Pelosi, que ante tal situación no supo cómo reaccionar y terminó cosiendo a puñaladas a Pasolini. Después cogió su coche y salió huyendo en él a toda velocidad.

Lo más doloroso de todo esto es la sensación de asco e impunidad que queda de los malvados. El propio dictamen médico forense indicaba que en el asesinato del cineasta habían participado al menos cuatro o cinco personas. Un hecho científico que los propios jueces rechazaron con la única intención de culpabilizar a Pelosi, quien previamente sabía que sería condenado a tan sólo nueve años de cárcel, debido a su condición de menor de edad.

Cuando se descubrió el cadáver de Pier Paolo Pasolini, presentaba múltiples fracturas óseas, estallamiento de los testículos y su cuerpo parcialmente quemado, siendo inexcusablemente imposible que una sola persona hubiese realizado toda esa macabra operación de linchamiento y asesinato.

Nadie duda de la posición incómoda que generaba, en determinados sectores poderosos de Italia, la figura irreverente de Pasolini. Ni en su inconmensurable faceta de cineasta ni de poeta. Sus obras, tanto literarias, como ligadas al celuloide, tiene una extremada carga de crítica social frente a esos repugnantes poderes fácticos.

Pasolini fue uno de los escritores y cineastas más controvertidos del siglo XX. La figura de un autor maldito y rebelde que no se plegó a las normas establecidas y que desnudó la vergüenza de los sectores más atávicos de la sociedad. Tal y como describiera Oriana Fallaci, Pasolini tenía en la voz algo de femenino y algo de extraño, ya que sus líneas y su perfil era el de un hombre seco, con una escondida ferocidad en sus pómulos, en su nariz de boxeador, en sus labios sutiles de crueldad clandestina. Su cuerpo, pequeño y delgado, transmitía la vertiginosa voracidad de una bestia que se tira encima y que muerde sobre la costra conservadurista.

foto cine
foto cine Miroshnichenko

Esa gran versión oficial que siempre se ha querido ofrecer sobre el chapero Guiseppe Pelosi, y que nadie se cree, no nos cuenta todo lo que el director de cine sabía sobre el servicio de inteligencia italiano en el año 1975, tal y como lo afirma Miguel Dalmau en su libro El último profeta. Tampoco nos cuentan los egregios miradores del bien colectivo que, antes del asesinato de Pasolini, el cineasta se encontraba escribiendo una novela que reflexionaba sobre los chanchullos del gobierno, vinculados con organizaciones mafiosas.

El 7 de mayo de 2005, Pelosi, decidió retractarse de su confesión, diciendo que ésta había sido realizada bajo amenazas de violencia hacia sus familiares. Mencionó que tres personas con acento meridional fueron los que habían cometido el asesinato. El chapero y arrepentido Pelosi moriría el 20 de julio de 2017, sin haberse aclarado nunca el asesinato del excepcional cineasta Pier Paolo Pasolini.

“Un político emboscado será pronto desenmascarado”, rezaba en uno de los versos que aparecen en la estatua de la plaza de Pasquino, haciendo referencia al misterio que envuelve la trágica muerte de Pasolini.

Ahora, con motivo de este honroso recuerdo realizado al cineasta en el Círculo de Bellas Artes, pienso, tristemente, que ya nunca se descubrirán los nombres y apellidos de los que participaron en tan cruel linchamiento. Aunque, en definitiva, eso es lo de menos. Aquellas figuras, aquellas sombras del mal, son la metáfora exacta de la más temerosa y ensangrentada faz de la corrupción política.

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