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Macarena Olona

Manjón Guinea
Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

Macarena Olona la viva imagen de la virgen justiciera

Por Manjón Guinea

Aparece en pantalla, o en el Congreso de los diputados, o en un mitin, perfectamente peinada y acicalada para la ocasión. Su rostro no acompaña la gestualidad de su cuerpo y de sus manos que nunca se descomponen, que como una estatua de mármol se muestra fría e impasible, impertérrita. Es como la viva escultura de una virgen, pero que se sustenta no ya en la caridad, sino en una justicia innegociable, una justicia imperturbable ante la necesidad y la pobreza. Es el rostro de una justicia que no atiende a razones, que no entiende de tonalidades ni de colores. O todo es blanco o todo es negro.

Virgen de la Macarena
Imagen de la Virgen

Más bien blanco. Pues la virgen debe ser blanca. No se concibe una virgen negra, o una virgen judía o marroquí. No puede haber vírgenes en otras culturas que por supuesto están un umbral por debajo del santo catolicismo.

Macarena es la virgen justa. Una virgen que no lleva venda para taparle los ojos porque eso no tiene encanto. Ella prefiere mirar a los ojos. De manera fría y despiadada si es preciso, acompañando esa mirada con un rictus de risa irónica e hiriente. Es la austera Justicia de España: incorruptible y cristiana.

No hay cabida para una Justicia pobre y honrada como la describiera Julio Camba en Sobre casi todo. La imagen de la Justicia que representa Macarena es la del crucifijo colgado en la pared, con ese aire de pasado y de voces de otro tiempo. De un mundo clausurado y de penumbra. De confesionarios y reclinaciones. De cortinilla de encaje y de mesa camilla.

El imperturbable rostro de Macarena, con su pelo lacio y negro, sus cejas perfectamente perfiladas en un arqueo de sospecha y su sonrisa forzada al no creerse lo que escucha, traen a la mente la personificación de Javert, ese policía fanático obsesionado por cumplir con su deber y encontrar a toda costa al prófugo Jean Valjean, en Los Miserables de Víctor Hugo.

Macarena es el altavoz del caso Dreyfus, basándose en las pericias caligráficas determinadas por sus ojos negros como ascuas para mandar a cualquier militar irredento, menesteroso o indigente a la isla del Diablo. Para Macarena no valen las dudas, los escritos de Zola en J’acusse, como tampoco vale la necesidad de sustraer un pan por necesidad en el caso de Jean Valjean. La justicia está para cumplirse y si esta no se cumple es una cuestión de cultura. De cultura cristiana, que como en una nueva cruzada debe combatir al invasor. A los magrebíes, a los musulmanes, a los negros, a los hindúes… a todos aquellos que profesan otra religión que no sea la del bien. La de las caperuzas y las procesiones en Semana Santa.

Macarena nos dice que desde siempre ha sentido la vocación de la política y ha descendido de su pulpito para dirigirse a nosotros los incautos mortales, los autóctonos que no nos damos cuenta de que el mal se está infiltrando entre nosotros con el nombre de emigrantes. Emigrantes de distintas culturas.

La virgen justiciera ha aprovechado los incidentes en las puertas del estadio Saint Denis, durante la final de la Champions, no ya para decir que los conflictos se debieron a un ineficaz ordenamiento de los anillos de seguridad que la policía francesa debería haber establecido como en cualquier otro país donde se ha celebrado una final de Champions, como puede ser, Lisboa, Madrid, Cardiff, e incluso hasta la ahora derruida Kiev.

No, nada de eso es así. Para Macarena el terrible fallo de organización de la policía francesa y del Ministerio de Interior nada tiene que ver con lo ocurrido, porque ellos son europeos y cristianos. Los disturbios se deben al Mal, con mayúsculas, encarnado en una cultura inferior e irrespetuosa a la que hay que combatir, como lo hiciera el Capitán Trueno en los tebeos del pasado.

Macarena Olona ha tomado la espada de la cruzada. Santiago y cierra España, por el bien de todos nosotros. Y eso sí, sin animo de ser electoralista, ya que su entrada en la política es simple y llanamente por vocación. Algo que debemos de agradecer todos los españolitos de a pie.

 

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