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LUJURIA

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

FOTO AUTOR

Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

Con la lujuria finaliza la saga de los Siete Pecados Capitales. Reconozco que he disfrutado interiorizándolos y visualizando cada acción y contra acción que desemboca en estas pasiones excesivas que jinetean por la humanidad. Pero ahora es como cuando terminas un libro que te tiene enganchado. No quieres despedirte de sus personajes porque temes no encontrar una nueva historia que te vuelva a llenar.

Su origen del latín, luxus “abundancia” “exuberancia”, relacionado con el deseo sexual y la moral y bajo el influjo de ese gran supervisor, vigilante de los excesos, la religión. En este caso, la antigua prohibición de relaciones prematrimoniales o la creencia de que se debía practicar para reproducirse, pero no por placer sexual. Esto me retrotrae a la película de Como agua para chocolate, la escena donde al inicio del acto marital, ella tapada por una sábana con un agujero, él haciendo el acercamiento recita: “no es por vicio, ni por fornicio, sino por dar un hijo a su servicio”.

Imagen KoolShooters
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Y es que el sexo ha tenido hasta su propia revolución. A lo largo de la segunda mitad del S XX. La liberación sexual, la aceptación de las relaciones y sus juegos, siempre que haya consentimiento y edad suficiente. Si no se incumplen estas lindes, la lujuria queda dentro de la legalidad y del ámbito personal. Y es elección de cada uno como disfrutar su cuerpo, su sexualidad, incluyendo todo tipo y formas de relaciones sexuales, la igualdad entre los sexos y sobre todo y lo que marcó la diferencia: el uso de los anticonceptivos, que supuso claramente desvincular el goce de la reproducción.

También tiene su propio demonio. Asmodeo, incitador a la infidelidad, causante de la rotura de noviazgos y matrimonios, de perversiones de las almas, que acabarán atrapados en el segundo círculo del infierno de Dante, presos de la carne y del puro instinto, alejados de la naturaleza espiritual de la raza humana.

Pero los deleites carnales, también pueden navegar en terrenos movedizos e incluso deleznables. En este intento de visualizar situaciones lascivas del mundo real, con solo bucear por las noticias, se puede observar como a pesar de tener nombre de mujer, es un desliz preferentemente masculino y directamente relacionado con el poder y sus tramas de mal gusto, muchas veces protagonizado por personajes patéticos y de dignidad dudosa, en búsqueda de subvenciones, y firmas de contratos regados por fiestas, alcohol, prostitutas y drogas, como el caso del Tito Berni.

Y es que la lujuria es tan antigua como la creación. Forma parte de la naturaleza humana. Es el primo descarriado del amor, ese familiar descontrolado, excesivo, posesivo, que busca placer fácil lejos de los sentimientos y de los vínculos. Su único compromiso alcanzar rápido el éxtasis y repetir. Tan antiguo como el termino sodomía que proviene de la historia bíblica Sodoma y Gomorra ciudades destruidas por sus pecados.

Cuando el sexo se convierte en vicio y rebasa las fronteras legales, se convierte en un delito, en una perversión humana, como las violaciones, la pornografía, la prostitución… Es el lado enfermizo y dañino de esta falta, causando mucho dolor.

Pareciere que, en este tipo de delitos, el hombre es menos víctima que la mujer. Digo pareciere porque cuando investigas, aparecen estudios sobre la violencia a hombres que manifiestan la también vulnerabilidad de ellos en este ámbito, muy estigmatizada y con las mismas dificultades para denunciar que la mujer, con la carga adicional de que la sociedad no cree que la violación les pueda suceder a ellos.

Imagen lujuria Iván Babidov
Imagen lujuria Iván Babidov

Es cierto que, si nos hacemos sencillas preguntas, las respuestas señalan más al hombre que a la mujer. ¿Imaginan a una mujer acusada de violar a un hombre? ¿Cuántos casos de pederastia se conocen protagonizados por mujeres? ¿Cuántas veces se han formado manadas femeninas para acorralar a un hombre? En las respuestas podemos coincidir o no. Y aunque todos podemos ser víctimas potenciales, lo que sí parece es que las cárceles están llenas de agresores masculinos, aunque tal vez sus víctimas no sean solo mujeres.

Al final el papa Gregorio I lo que buscaba era hacernos libres ante el dominio de las pasiones. En el caso de la lujuria, y siguiendo el mandato papal, lo podemos considerar como la búsqueda de la libertad e igualdad sexual, sin faltas de respeto, con aceptación de las normas por todos los participantes, sin perjuicios, sin estereotipos, ni roles más allá de los que cada uno quiera aceptar. Y ser más libres sin que el sexo nos asuste ni escandalice, que al fin y a cabo solo es una necesidad fisiológica. Como diría Groucho Marx ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

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