Cuando uno comienza a leer el libro de Salvador Gutiérrez Solís lo primero que le viene al recuerdo es la imagen de Homer T. Crawford, protagonista de la novela El número uno, de John Doss Passos.

Crawford es el despiadado retrato es un animal político. Un tipo hecho a sí mismo y dispuesto a todo con tal de alcanzar sus fines. Gutiérrez Solís parece haber extraído el molde de la novela del escritor norteamericano publicada allá por el año 1943. Lo ha desenterrado de entre los caminos polvorientos y los pantanos cenagosos de Luisiana. Le ha quitado de los ropajes el polvo y el sudor del camino y ha configurado un personaje actualizado: Mario Mesa. A la medida de nuestros días y nuestros tiempos. Porque, como dijo Guiseppe Tomasi di Lampedusa, los tiempos cambian, aunque los fines sigan siendo exactamente los mismos.
En definitiva, los métodos siguen siendo igual de falaces, aunque con el paso del tiempo se vuelven más sofisticados, más embaucadores y maquiavélicos, hasta el punto de ser bien vistos por una ciudadanía complaciente y en ocasiones ignorante.
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