LUCHA DE TITANAS

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

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Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

Un largo camino es el que hemos recorrido para que algo tan sencillo aparentemente como la capacidad electoral de la mujer, hoy sea un acto natural, incuestionable y totalmente consolidado. Pero no nos engañemos que esto viene siendo así desde hace no mucho tiempo, exactamente 95 años.

Desde las primeras elecciones que tuvieron lugar en 1810, donde podían votar únicamente los varones mayores de 25 años, aunque no todos, ya que también existían limitaciones y exenciones para ellos, hasta la constitución de 1931 donde se reconoció el sufragio universal, ha habido un gran trabajo de fondo de pequeñas y pausadas conquistas hasta llegar a uno de los derechos más importantes como la igualdad en el voto.

El periplo padecido para lograr este derecho ha estado sembrado de obstáculos, lucha social, política y jurídica antes de alcanzar la situación que disfrutamos hoy en día.

Mujeres del siglo XX como Victoria Kent, Campoamor, fueron pioneras y propulsoras de la búsqueda de un fin común, la igualdad como justicia social. Mujeres comprometidas y defensoras de derechos como el sufragio universal, que diese cabida al voto femenino, como cualquier ciudadano más.

Victoria Kent
Victoria Kent

Este derecho recogido en la Constitución de 1931 fue un avance que costó muchos esfuerzos para lo efímero del resultado. El artículo 36 de la Constitución de 1931 reconocía por primera vez la participación de la mujer en la vida pública e hizo posible que en las elecciones de 1933 las mujeres acudieran por primera vez a las urnas.

Fue sorprendente que tratándose de un avance que agradecer a la Segunda República, las elecciones de 1933 fueran ganadas por los partidos de la derecha y de centroderecha, con la derrota de los republicanos y socialistas. Aunque no fue sorpresa para Victoria Kent que en sus enfrentamientos dialécticos y el histórico debate del 1 de Octubre de 1931 en el Congreso con Clara Campoamor, pedía aplazar el sufragio femenino, para proteger a la República del daño que le podría causar el voto católico de la mayoría de las mujeres, hasta tener un criterio propio basado en la formación e independencia económica, a lo que Campoamor defendía el reconocimiento inmediato y sin condiciones del derecho electoral para las mujeres,  y pedía no dejarlas al margen, recalcando «precisamente porque la República me importa tanto, entiendo que sería un gravísimo error político apartar a la mujer del derecho del voto».

Parecería razonable pensar que en el resultado de las elecciones de 1933, con una contundente derrota de la izquierda, tuviese algo que ver la participación femenina hasta entonces nula y la supuesta influencia sobre ellas de la Iglesia Católica, pero sin embargo los historiadores lo descartan y acusan más como motivo del resultado obtenido, la abstención en ciudades relevantes como Sevilla, Barcelona , Zaragoza entre otras, así como el descontento con el gobierno republicano y la división de las diferentes izquierdas al contrario de la derecha que se presentó unida a través de coaliciones.

Igual de intenso que fue ese momento, podemos decir que igualmente fue efímero. En 1936 con la instauración del régimen franquista, se acabaron los derechos de las mujeres y se revirtieron muchos de los avances logrados hasta ese momento volviendo al rol del hogar y la familia. Las pocas ocasiones en las que se pudo votar en una dictadura, correspondieron a los cabezas de familia, es decir aquellos varones que estuvieran casados y superaran la edad de 21 años, incorporando más tarde a las mujeres siempre que estuvieran casadas.

Todo esto es pasado, gracias a Dios. Podemos estar muy orgullosas de todo el proceso, que largo y duro, ha desembocado en el reconocimiento de la igualdad entre ciudadanos sin importar el sexo.

La historia está escrita y se sigue escribiendo. Mucho ha cambiado la sociedad y todo este debate ahora es impensable, por lo menos en España. El que piense lo contrario es que se ha quedado en otra época. Muchas son las mujeres que han luchado por llegar a los derechos que tenemos actualmente. Están las reconocidas y están las invisibles. Me resulta muy curioso los datos que aparecen siempre relacionados con las primeras mujeres que destacaron o hicieron algo como un hito en la historia. La primera mujer que se matriculó en la universidad, la primera mujer que pilotó un avión, la primera mujer que votó, la primera mujer que participó en un maratón, la primera mujer programadora, la primera mujer en viajar al espacio y así en todos los ámbitos profesionales de la vida.

Clara Campoamor al fren te de una mesa de votación
Clara Campoamor al fren te de una mesa de votación

Al final la aparición de la mujer en cualquier disciplina ha resultado ser un acto heroico y peculiar, merecedor de ser nombrado y celebrado, porque nos guste o no, en la mayoría de los campos el predominio siempre ha sido masculino sobre todo en los espacios de poder. Todo esto ha conllevado una dificultad añadida para cualquiera de las pioneras en cualquier doctrina. Una carrera de obstáculos y una invisibilidad ante el derecho divino del hombre que siempre estuvo a otro nivel superior al de la mujer.

Un dato relevante y significativo podría ser el de los galardonados con el Premio Nobel, desde su creación en 1901, y según datos recogidos de Wikipedia, 65 son las mujeres premiadas frente a los 900 hombres, en todas sus categorías. Quizás detrás de tanto hombre, existan mujeres que no supieron o no las dejaron dar un paso al frente. Hasta pudieron pensar realmente que no eran merecedoras ni meritorias.

Esto es lo que a la mujer le ha tocado vivir en cuanto a su participación y su aportación en la vida social, cultural, política, jurídica y económica. Pero esto a su vez es lo que nos hace fuertes y especiales. Una resiliencia que ha forjado nuestro carácter de luchadoras y a tener normalmente que demostrar más para romper barreras, techos de cristal y brechas de desigualdad.

Y como diría la gran impulsora del voto femenino en España, Clara Campoamor, «la libertad se aprende ejerciéndola», hoy es un día para celebrar la libertad y los avances para todas las mujeres, conocidas o desconocidas, exitosas o humildes, jóvenes o mayores, todas unas titanas. También de agradecimiento a todas las que nos han traído hasta aquí y a todos los que han contribuido activamente o en silencio en el día a día a que seamos ciudadanas de primera, libres e iguales y podamos decirlo y celebrarlo.

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