LA CARA ES EL ESPEJO DEL ALMA

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

FOTO AUTOR

Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

No se si os pasa —son rarezas de esas que vamos adquiriendo cada uno con el tiempo y en mi caso cada vez más— que no puedo evitar hacer vinculaciones entre algunos personajes reales y otros ficticios, como si mi cabeza les encontrase una correlación muy clara y cuando veo a uno, pienso en el otro. Es el caso del ministro Marlaska y el protagonista del retrato de Dorian Grey. Cada vez que veo su rostro, no puedo evitar remontarme al personaje de la novela de Oscar Wilde, sobre todo al retrato inmóvil dentro de un marco, pintado por su íntimo amigo sin saber que absorbería como una esponja cada una de sus maldades y pecados, deteriorándose poco a poco, a cada fechoría, dejando las marcas de sus malos actos en la bella y fresca expresión de su rostro pintado, como muescas imborrables.

Como dice el dicho popular español «la cara es el espejo del alma». En Marlaska veo esa transformación. Desde que cambió su vida judicial a la política ha sido paulatina pero progresiva haciéndose palpable y muy reconocible en su rostro. Y no es consecuencia solo del paso del tiempo. Es una marca diferente, el de la incomodidad, el de la lucha interna entre la moral y la ética, entre la necesidad y el deber, entre la culpa y la conciencia, es el reflejo de un alma que no está en calma.

Marlaska y Dorian Grey
Marlaska y Dorian Grey

Un hombre atractivo, jovial, desenfadado en su época permítame llamarle JJ (juez y joven), ese halo del que se sabía admirado profesionalmente, por sus méritos y logros que realzaban aún más su atractivo. El joven valiente y triunfador de las salas de la Audiencia Nacional que portaba una capa invisible de super héroe para muchos y de admiración para otros, se fue desactivando y apagando a partir de colgar la toga. Atrás quedaron sus super poderes. Poco a poco, como una neblina londinense, que va cogiendo espesor, le fue envolviendo un aire gris que los desactivó y transformó en un galán con cara de villano, y ahí es donde surge mi constante conexión y retrotracción a la lectura de la novela de Oscar Wilde con el cambio y deterioro de su bello retrato reflejo de la degradación moral del protagonista y su deterioro ético y espiritual.

Tal vez en el caso del ministro no sea tanto por sus acciones como por su entrada en la vida política que acarrea quehaceres discutibles para sobrevivir en ese entorno y decisiones que se bandean entre la moral y la ética y la continuidad en el poder, que dañan poco a poco la frescura del alma original con el que todos empezamos una vida profesional llena de ilusiones y ganas de mejorar el mundo, si es que fue este el caso.

También pueda influir las inevitables marcas que dejan decepcionar a tu público, en concreto a las víctimas del terrorismo de ETA, que le habían admirado por su arrojo ordenando la entrada en prisión de Otegi, miembro de la banda terrorista y que tuvieron que conocer su otra versión; la de formar parte de un gobierno apoyado en Bildu para gobernar. Ironías de la vida.

Hay otros personajes de esta nuestra vida pública española, que me dejan igualmente reflexionando y haciendo vinculaciones inexistentes, como el caso de la reina Leticia. Es una mujer hecha a sí misma, a conciencia. Trabajadora incansable, de reconocida profesionalidad, que todo lo tiene medido y calculado y no deja nada al azar. En sus apariciones públicas no puedo evitar ver en ella al perfecto narrador de un documental. Lejos de la improvisación, con una actuación perfecta, sublime, con el guion adecuado y previamente revisado. Incluso su voz, es como si hubiese ensayado la entonación y la musicalidad en cada párrafo, y en su majestuosa actuación también tiene el control de las expresiones y gestos que acompañan a las palabras, haciendo de su participación una verdadera performance, seria y profesional, aunque le reste naturalidad y soltura.

La verdad es que todo a nuestro alrededor se ha vuelto una sobre actuación. La vida real tiene mas de teatro que el propio teatro. Tengo la mente colapsada con las tertulias y los debates, que por un lado te enganchan y por otro te saturan. Debates sobre personajes que resultan apabullantes, e imparables. Su infinitas tramas y tentáculos dan miedo. ¿Es posible que te puedas enredar tanto en tus propias redes y que no te hayas dado ni cuenta? Los telediarios, las tertulias, los programas de investigación, todo ronda sobre lo mismo mientras los ciudadanos de a pie, estamos con las palomitas, escuchando los debates y viendo pasar por los juzgados o por la prisión cada vez a más gente.

Estos personajes son reales, no son ficticios. Ya lo decía Lord Byron, en su poema satírico Don Juan, «la verdad es siempre extraña; más extraña que la ficción», frase que ha desembocado en un dicho popular que últimamente usamos a diario: «la realidad supera la ficción». Y es que la actualidad se ha convertido en un auténtico thriller. Los escándalos políticos, los desastres de la naturaleza, las guerras, los dirigentes estrambóticos… Si esto nos lo cuentan en tan solo hace una década, seguramente nos hubiésemos reído ¡Solo nos queda la llegada de los extraterrestres! Como se suele decir y últimamente con mesura y reservas. Y con el permiso de Iker.

Tertulianos vociferante
Tertulianos vociferante

Uno de mis deseos hubiese sido participar en un programa de radio o televisión. Si fuese ahora, lo llamaría como la manida frase «La realidad supera la ficción», con su contenido de actualidad, abierto a todo tipo de posibilidades y debates, porque no hay nada que hoy en día no sea posible. La imagen del programa sería la cara de Michael Jackson, extraída del video de Thriller, justo al final, en el momento en el que se gira a la cámara y nos muestra unos ojos sobrenaturales. Este video, pura narrativa visual en otra época, simbolizó lo inquietante que puede ser lo inesperado, pero hoy casi nos parece infantil o pueril ver la persecución de seres del inframundo, salidos de debajo de la tierra, con sus cuerpos desquebrajados y con andares moribundos, cuando lo realmente terrorífico lo tenemos en la pantalla de los televisores sin irnos más lejos y forman parte de un sueño o pesadilla hecho realidad.

En ese final del videoclip, donde Michael Jackson aparece de nuevo como un chico sonriente y normal, mientras se aleja nos hace un leve giro de cabeza y nos muestra sus ojos amarillentos y sobrenaturales, anticipando lo que nos espera cuando nuestros miedos se vuelvan realidad. Pura actualidad. No subestimes la realidad, o las remotas e incrédulas posibilidades de que ocurra algo. Mira que te des la vuelta y te encuentres de bruces con la ficción hecha realidad, ese amable y encantador joven, con su cazadora de cuero roja, mostrando su lado oscuro y su monstruo interior.

Como he oído escuchar en alguna ocasión a Guillermo del Toro hace años en la promoción de su película El Laberinto del Fauno «el verdadero monstruo es el ser humano, porque tiene la capacidad de ser cruel». No me queda más que recomendar que huyamos de los monstruos reales, con forma de hombre y mujer, que son los que no eligen tener compasión y bondad con los más débil.

 

 

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