Dijo en cierta ocasión Julio Llamazares: «no concibo la literatura sin poesía. La labor de los escritores es pulir la palabra hasta que las palabras sean piedras preciosas».

En eso precisamente consiste el libro del escritor oriundo de Trieste, El hilo infinito. En el trabajo de un alfarero que moldea la arcilla, de un carpintero que talla la madera o de un escultor que esculpe el mármol, solo que en esta ocasión la materia prima es el lenguaje.
A través de un libro de viaje por los monasterios de Europa, Paolo Rumiz pretende encontrar las coordenadas que nos ayuden a movernos en un mundo que se nos presenta apocalíptico y en donde se impone el miedo y los vientos nacionalistas. Gracias a la literatura, a una poesía en una prosa pulida minuciosamente, Rumiz sacará a la luz parte de las astillas del mundo que hemos creado. En su afán por combatirlo lijará cada uno de esos salientes punzantes con las doctrinas benedictinas, origen de la cultura occidental. Una sabiduría edificada sobre la fórmula ora et labora et lege et noli contristari (reza y trabaja y estudia y no te dejes vencer por el desánimo).
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