LO VAMOS CONSIGUIENDO

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Manjón Guinea

Licenciado en Ciencias de la Información, Criminólogo y escritor

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Por María Marcos
Licenciada en Derecho y Librepensadora

Toda mujer debería tener un grupo de wasap con este nombre, «lo vamos consiguiendo», con aquellas que están cuando más se les necesita, las amigas.

Un grupo en el que abordar situaciones que requieren debate, que requieren un segundo par de ojos, desde una mirada calmada y distinta donde emanen soluciones o perspectivas que una misma no encuentra por estar bloqueada.  Y, sobre todo, aquellas preocupaciones vitales que no pueden ser abordados exclusivamente por wasaps o mensajes de voz, y requieren organizar quedadas físicas en el poco tiempo material del que disponemos en el día a día para tratar asuntos de Estado, es decir cuestiones personales. Una terapia de grupo sin la que ninguna amistad podría resistir el paso del tiempo, las largas ausencias, la falta de comunicación y mucho menos sin verse.

Las chicas de oro. Serie
Las chicas de oro. Serie

Las amigas, tan parecidas y distintas. Entran todas, las nuevas y con las que llevas décadas compartiendo la vida. Las que siempre son divinas y te ayudan a cuidarte el aspecto exterior que algunas tendemos con mayor facilidad a descuidarlo. Las que son tan naturales como la naturaleza que respiran y te llenan de frescura, risas espontáneas, locuras transitorias y sonrisas perpetuas. Las que desarrollan una fortaleza de madre coraje y te recuerdan que la carga se lleva a ciegas y sin pensarlo. Las que siempre tiran del carro del grupo, lideran los encuentros, la cercanía física que tan necesaria se hace para mantener la llama y no solo a través de SMS o wasaps. Las que nunca pueden venir, porque de una quedada a otra olvidan lo gratificante que es verse y del que ningún quehacer diario debería alejarnos. Las que admiramos y nos recargan las pilas para seguir sus pasos. Y así una a una con sus propias vidas, con sus propias miradas, con sus vivencias, enriquecen a las otras de tal manera que te alivian, te resetean y te recargan hasta la próxima vez que nos veamos para seguir consiguiéndolo.

Esta amistad femenina se ha visto reflejada en diferentes series a lo largo de los años. Seguramente habrá muchas, mejores y/o peores que las que yo recuerdo con más inmediatez de la televisión y que fueron un boom en diferentes décadas desde la niñez.

Al más puro estilo ochentero, la serie Las chicas de Oro. La amistad de cuatro mujeres, Blanche la vanidosa, Dorothy la más seria y mordaz, Rose la ingenua y Sophia la más mayor carente de filtros que consigue siempre dejar a todas calladas con la última palabra. Una serie con gran perfil geriátrico pero rebosante de humor, de mujeres compartieron sus vivencias y su particular visión de los problemas alrededor de la mesa de la cocina o en el sofá del salón mientras se comen una tarrina de helado completa. Revolucionaria en su momento por tratar temas que siguen sin pasar de moda, como salir del armario, discriminación por edad, acoso sexual, corrupción política, la soledad, el adulterio, la ludopatía, la salud mental, todo tan actual como la vida misma. Una amistad que nace de la casualidad de responder a un anuncio colgado en un supermercado local y que reflejan como no sentirte solo y formar una nueva familia tan auténtica como la propia misma y basada en la amistad.

Otra de chicas más noventera, que se adapta muy bien al título del wasap lo vamos consiguiendo, fue Las chicas de hoy en día, de Fernando Colomo. Las andanzas y problemas cotidianos de dos veinteañeras llegadas a Madrid con deseos de triunfar en el «artisteo». Protagonizadas por Carmen Conesa y Diana Peñalver. La canción de cabecera, chicas de hoy en día como cara y cruz, como sombra y luz siempre en compañía. Dos polos opuestos que se apoyan mutuamente para conseguir sacar la cabeza en un mundo difícil como el de las audiciones en el que poco a poco irán progresando hasta conseguir la tan deseada oportunidad.

Ya en los dos mil la amistad entre vecinas modélicas amas de casa del barrio residencial de Wisteria Lane, Mujeres desesperadas. Secretos y verdades que irán compartiendo a lo largo de sus vidas en el aparentemente tranquilo vecindario, demostrando una lealtad y apoyo incondicional entre ellas que elevan la amistad femenina al mejor refugio donde blanquear las preocupaciones, emociones, mentiras y misterios.

Sexo en Nueva York
Sexo en Nueva York

También la ambientada en Nueva York, ciudad que encumbra uno de los principales atractivos de la serie, la vida en Manhattan, las escenas memorables en lugares icónicos de la ciudad, sobre los que transcurre la incondicional amistad de cuatro mujeres nuevamente tan distintas a la par que complementarias, Sexo en Nueva York. La verdad es que salvo el personaje de Samatha, sexo lo que se dice sexo, en el resto de los personajes no parece que fluya de igual manera, batallando con dificultades como buscar al compañero adecuado, los hijos, las crisis de pareja, los divorcios, etc. Pero siempre permanente el vínculo de las protagonistas, su incondicional amistad por encima del bien y el mal. Muy chic, glamurosa, consumista, cool, lejos de la realidad de la mayoría de las mujeres que la vimos, pero que nos hizo soñar en tener o encontrar ese tiempo de sobra para comer juntas y estar disponible si una llama a la otra y como no, de imitar los ideales looks con marcas caras, aunque fuese con prendas de coste bajo o como se dice ahora low cost.

Al final todas ellas recogen esa amistad de chicas, que quien la vive o ha vivido en sus carnes, no puede más que agradecer su gran fortuna. Momentos de apoyo y sororidad capaces de ensalzar la hermandad y alianza entre mujeres, sin competencias y desde la protección y la admiración mutua, que hace honor al nombre del grupo de wasap que todas deberíamos tener: lo vamos consiguiendo.

Hasta llegar a esto, habrás dejado por el camino mujeres que se fueron distanciando y deshaciendo los no lazos de sangre y sustituidas por otras que se fueron acomodando al bienestar de ser comprendido, ser acompañado y ser uno mismo.

Desde los clásicos, «de las posesiones la amistad es la más valiosa» (Herodoto); hasta los más modernos, «la amistad te impide resbalar al abismo» (Bruce Sprinteeng), todos coinciden en lo mismo.

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